Carlos Peñafiel, S.J.
Estudiante de Filosofía
Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá-Colombia
Estudiante de Filosofía
Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá-Colombia
¡Hola a todos…!
Mi nombre es Carlos Peñafiel, estudiante jesuita. Ingresé a la Compañía de Jesús hace unos ocho años. Luego de un proceso de discernimiento. Recuerdo que ingresamos ocho compañeros y en el trayecto del camino y por varios motivos el grupo se ha ido desmembrando, ahora quedamos cuatro. Uno en Ecuador, otro en Perú y dos en Colombia. Yo soy uno de los que están en Colombia, estoy estudiando filosofía, la cual es una etapa dentro de la formación del jesuita. En esta etapa es donde estudiamos y ahondamos, en los problemas universales del pensamiento del hombre. Para poder tener así un mejor conocimiento de la realidad y tener solides intelectual para poder enfrentar a los diversos problemas que están presentes o presentasen en la cotidianidad de nuestras vidas a nivel universal.
Bueno no es mi interés hablar sobre filosofía, sino el contarles en breves líneas mi invitación a la vida religiosa y ha vivir como jesuita.
Como les mencioné anteriormente mi ingreso, a la Compañía de Jesús, fue luego de un gran proceso de discernimiento. Yo me encontraba estudiando comunicación social y al mismo tiempo pertenecía a un grupo apostólico universitario, donde realizábamos misiones de diferente tipo: hospitales de enfermos incurables, animaciones eucarísticas, grupos juveniles, etc. Con el paso del tiempo me fui dando cuenta que aquello que hacia era solo una gotita de agua en el mar y que necesitaba dar más, entregarme más, pero tenía otras responsabilidades como mis estudios, mi familia, la novia, etc. Pero sentía que Dios me invitaba ha dar más, pero con el pretexto a mis responsabilidades académicas, familiares y afectivas no hacia nada más de lo que hacia en el grupo apostólico. En cierta ocasión el grupo al que pertenecía, nos fuimos de retiro espiritual, todo bonito, hasta que el sacerdote nos dijo que realizáramos una carta a Dios Padre y el tema era: “el como nos veíamos dentro de diez años”. Redacte mi carta con total tranquilidad y en esa carta “yo” a futuro me veía como sacerdote dentro de la Compañía de Jesús. Pero me daba miedo. Miedo a no perseverar, miedo a dejar los estudios, la novia, la vida social, etc., ese miedo motivó a que demore mi proceso de discernimiento. Pero ya me había quedado inquieto vocacionalmente, será o no será, era la pregunta que a diario me venia a la cabeza desde aquel retiro. Hasta que un día, después de visitar a mi novia y de regreso a mi casa, no pude más y tomé un determinación, empezar el proceso de discernimiento, para aclarar de una vez mi situación personal y vocacional. Fue así que realicé el proceso y pude ver que la invitación del Señor a la Compañía, a la Compañía de su Hijo, era cada vez más insistente. Así que, al finalizar el proceso tuve la certeza de confirmar mi situación personal y vocacional al aceptar la invitación que el Señor me hacia. Una invitación a caminar en compañía con otros soñadores como yo, que no era el único loco de tener deseos de ayudar a que este mundo sea cada vez más humano, justo y más hermosos de lo que es. Y aquí estoy, dispuesto a seguir caminando, pero no camino solo, camino con otros locos como yo, que tampoco caminamos solos, caminos en compañía, en Compañía de Jesús.
Mi nombre es Carlos Peñafiel, estudiante jesuita. Ingresé a la Compañía de Jesús hace unos ocho años. Luego de un proceso de discernimiento. Recuerdo que ingresamos ocho compañeros y en el trayecto del camino y por varios motivos el grupo se ha ido desmembrando, ahora quedamos cuatro. Uno en Ecuador, otro en Perú y dos en Colombia. Yo soy uno de los que están en Colombia, estoy estudiando filosofía, la cual es una etapa dentro de la formación del jesuita. En esta etapa es donde estudiamos y ahondamos, en los problemas universales del pensamiento del hombre. Para poder tener así un mejor conocimiento de la realidad y tener solides intelectual para poder enfrentar a los diversos problemas que están presentes o presentasen en la cotidianidad de nuestras vidas a nivel universal.
Bueno no es mi interés hablar sobre filosofía, sino el contarles en breves líneas mi invitación a la vida religiosa y ha vivir como jesuita.
Como les mencioné anteriormente mi ingreso, a la Compañía de Jesús, fue luego de un gran proceso de discernimiento. Yo me encontraba estudiando comunicación social y al mismo tiempo pertenecía a un grupo apostólico universitario, donde realizábamos misiones de diferente tipo: hospitales de enfermos incurables, animaciones eucarísticas, grupos juveniles, etc. Con el paso del tiempo me fui dando cuenta que aquello que hacia era solo una gotita de agua en el mar y que necesitaba dar más, entregarme más, pero tenía otras responsabilidades como mis estudios, mi familia, la novia, etc. Pero sentía que Dios me invitaba ha dar más, pero con el pretexto a mis responsabilidades académicas, familiares y afectivas no hacia nada más de lo que hacia en el grupo apostólico. En cierta ocasión el grupo al que pertenecía, nos fuimos de retiro espiritual, todo bonito, hasta que el sacerdote nos dijo que realizáramos una carta a Dios Padre y el tema era: “el como nos veíamos dentro de diez años”. Redacte mi carta con total tranquilidad y en esa carta “yo” a futuro me veía como sacerdote dentro de la Compañía de Jesús. Pero me daba miedo. Miedo a no perseverar, miedo a dejar los estudios, la novia, la vida social, etc., ese miedo motivó a que demore mi proceso de discernimiento. Pero ya me había quedado inquieto vocacionalmente, será o no será, era la pregunta que a diario me venia a la cabeza desde aquel retiro. Hasta que un día, después de visitar a mi novia y de regreso a mi casa, no pude más y tomé un determinación, empezar el proceso de discernimiento, para aclarar de una vez mi situación personal y vocacional. Fue así que realicé el proceso y pude ver que la invitación del Señor a la Compañía, a la Compañía de su Hijo, era cada vez más insistente. Así que, al finalizar el proceso tuve la certeza de confirmar mi situación personal y vocacional al aceptar la invitación que el Señor me hacia. Una invitación a caminar en compañía con otros soñadores como yo, que no era el único loco de tener deseos de ayudar a que este mundo sea cada vez más humano, justo y más hermosos de lo que es. Y aquí estoy, dispuesto a seguir caminando, pero no camino solo, camino con otros locos como yo, que tampoco caminamos solos, caminos en compañía, en Compañía de Jesús.








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